miércoles, 27 de noviembre de 2013
Libertad de Género como Derecho Humano
Kim Pérez
La transexualidad es una cuestión de libertad de género, un Derecho Humano, y por tanto tiene que ver con todos los seres humanos, no sólo con las personas transexuales.
El movimiento feminista ya ha trabajado y combatido por la libertad de género de las mujeres. No podía ser que hubiera sobre todes nosotres, todas nosotras, todos nosotros un Código de Género que ordenase que.las mujeres, por ejemplo, no pudieran entrar en el Ejército, lo que más ha visibilizado los nuevos tiempos, o en cualesquiera otras profesiones, antes varoniles, como la judicatura, en las que ahora tienden a ser mayoritarias.
El Código de Género es el fundamental y previo de nuestra sociedad, que no tiene que escribirse porque está grabado en nuestras mentes a sangre y fuego, aunque también está en parte en la ley escrita.
Prescribe cómo debe actuar cualquier persona, para ser llamada masculina o femenina, cómo debe vestir, cómo debe llamarse.
En la ley escrita, impone que todos los ciudadanos nos inscribamos como varones o mujeres, ignorando por ejemplo a les intersexuales.
Es un código penal, porque impone penas tan terribles como la burla o irrisión, el destierro familiar o extrañamiento, la enorme dificultad para el trabajo por cuenta ajena, etc, a quien decida pasar por encima de sus normas, ahora vigente para las personas transexuales, que no encontramos casi más salidas que el trabajo por cuenta propia... o el funcionariado.
En tiempos antiguos en España, en los contemporáneos en Rusia y muchos países islámicos o africanos, confirma lo que decía de sangre y fuego, porque condena a los disidentes de género, a hostigamiento legal o a prisión o a muerte, a quienes aspiran a la libertad ( Homosexuales, transexuales, informaos de vuestros derechos, de las normas vigentes y de la situación social de facto, antes de viajar a donde los ciudadanos son las primeras y constantes víctimas, o informaos de la dirección de vuestros Consulados)
Ahora falta por conseguir la libertad de género de los varones, mucho más aherrojados en este momento por las expectativas del Código de Género que las mujeres.
¿Por qué se puede observar una gran libertad de género ya entre las mujeres. y al mismo tiempo, los varones siguen tan rígidos, en parte por culpa de algunos -expectativas de poder- pero a fin de cuentas con una rigidez insertada en el vigente Código de Género? ¿Por qué tienen que parecer hoscos, temibles, serios, incomunicativos, aunque no lo sean?
¿Por qué temen la espontaneidad y tiene que ser convencionales?
¿Por qué para estas reglas arcaicas de masculinidad es mejor ser agresivo que haber cultivado la inteligencia?
¿Por qué un muchachillo no puede decir, por ejemplo, que quiere ser bailarín clasico, sin recibir un acoso de género inmediato en el aula? ¿Por qué, un paso más, no puede presentarse a los papeles femeninos escolares o en el teatro profesional o el cine, en los que podría brillar? ¿Por qué las ropas de varón, desde los chándales a los trajes tienen que ser tan uniformemente oscuros? (Menos mal que existe el chorro de luz de las corbatas!) ¿Por qué los varones tienen que ser tan ritualmente agresivos unos con otros, saludándose con puñetazicos de broma entre amigos, y no pudiendo casi acariciarse ni ponerse el brazo sobre los hombros, ni tomarse de las manos -regresión, antes se podía? ¿Por qué todo lo que estoy diciendo les parece a muchos de quienes lo leen un disparate imposible e improbable?
Que miren el creciente saludo entre jóvenes con dos besos. O el uso de uno o dos pendientes. O la reciente incorporación de varones como comadronas.
La transexualidad es sólo el caso extremo de la libertad de género requerida por todos los humanos, por quienes quieren ser libres en su masculinidad o en su feminidad o en su ambigüedad, mejor que seguir un Código con la cabeza agachada.
La transexualidad es el derecho a la libertad total frente a los requerimientos del Código de Género en cuanto a género o genitales.
Libertad de nombre, de vestidos, de registro del sexo en el estado civil, en los documentos oficiales, incluidos los pasaportes, de caracteres sexuales secundarios, de caracteres sexuales primarios… sin permisos ajenos, porque entonces ya no es libertad... autonomía, como la de toda persona para decidir sobre nuestra vida, sin dar explicaciones a nadie.
Libertad y respeto de personas libres en una sociedad libre.
Dentro de muy poco, dentro de este decenio, los genitales estarán abiertos a las transformaciones naturales gracias a las células madre…
Podrá parecer de ciencia-ficción, pero es que vivimos en el siglo XXI.
Y todo esto no será nada excepcional, nada patológico, nada tolerado, nada concedido, sino una parte de la libertad y de la igualdad de todas las personas, y del reconocimiento de los Derechos Humanos.
sábado, 26 de octubre de 2013
EXPRESIÓN EN MENORES VARIANTES DE GÉNERO
Kim Pérez
Actualizado 27.II.2014
“Tendrás todo mi apoyo para hacer el camino
que tú veas que debes hacer en tu vida, porque tú lo sabrás mejor que nadie. Tú
vas a hacer las experiencias que necesites para encontrarlo. En algunas puedes
acertar y en otras equivocarte, y eso es lo natural, cuando se hace una
experiencia, que puede salir que sí como que no. Me vas a tener siempre a mi
lado para preguntarme, y también tendrás que oírme cuando yo te diga algo que
sea necesario porque tú no lo sepas. Te abriré siempre todas las puertas, tanto
las masculinas como las femeninas o las ambiguas, para que tú elijas. Apartaré
de ti los obstáculos que esté a mi alcance quitarte. Educarte será prepararte para que tú tomes la
mejor decisión”.
Es preciso dejar que se expresen
los menores variantes de género, primero verbalmente, luego con hechos. Es
preciso también aprender a oírlos. Saber oírlos consiste en dejarles hablar,
sin interrumpirlos ni contradecirlos, dejarles la confianza de saber que van a
tener ocasión y tiempo de decirlo todo, de desahogarse, en una palabra, y si lo
necesitan, de experimentar con su género.
Entonces, con este criterio
experimental, siendo muy consciente y haciendo muy consciente al menor de que está haciendo una
experiencia, éste podrá experimentar
todo cuanto necesite, porque la niñez, la adolescencia, la juventud son edades
en las que el ser humano necesita sobre todo experimentar, como forma de
definir su vida.
No hay una decisión todavía en
cada paso, hay un ponerse a prueba. Puede ansiarse, por parte de la madre o el
padre, menos incertidumbre, pero no son sus sentimientos lo que cuentan, sino
los del menor.
Así, es experimental el cambio de
ropa; el de género; el de nombre. Para todo eso hay que contar con el sistema
escolar. Hoy, todavía, hay que explicarlo todo a todos. Dentro de unos años, no
habrá que explicar nada, estará perfectamente entendido por todos.
Puede también experimentarse una
ayuda médica. Bloqueadores de la pubertad en los primeros años, que son
recursos puramente experimentales y reversibles en cuanto se deje de tomarlos.
Conforme el o la menor va avanzando en edad y experiencia, puede empezar a
probarse con fármacos cruzados, primero reversiblemente, luego
irreversiblemente, con el acuerdo de madre y padre y oyendo siempre al o la
menor.
En toda experimentación hay que
enfrentarse con la incertidumbre. El resultado puede ser uno u otro, a veces
sorprendentemente.
= = = =
Mantengo que no se puede hablar
de menores transexuales ni homosexuales, dada la extrema plasticidad de esa
edad, en la que algunas actitudes parecen ir madurando con el tiempo. Por
tanto, hablaré de menores variantes de género, para no predeterminar el futuro.
Y por la misma razón, no les
llamaré todavía masculinos ni femeninas, aunque parezca evidente que lo son,
sino masculinizantes y feminizantes.
Hablando de orientación, tampoco
hablaré de heterosexuales u homosexuales, para evitar las complicaciones que
surgen al preguntarse si hablamos del género de origen o el de destino, sino
que, más concretamente, hablaré de orientación ginesexual (que ama a las
mujeres), androsexual (que ama a los hombres), personasexual (que ama a las
personas, sea del sexo que sean), o asexual (cuyo amor no es sexual)
= = = =
CAUSAS DE LA TRANSEXUALIDAD
Puede haber causas biológicas, que
consisten en las diferencias que puede haber en la androgenación del nuevo ser
durante su gestación. Si un ser XY recibe menos andrógenos que la media
masculina, o el ser XX recibe más andrógenos que la media femenina, habrá una
desmasculinización mayor o menor, en el primer caso, o una masculinización
mayor o menor en el segundo. En la
condición XY incluyo otras realidades cromosómicas, como XYY, y en la XX, otras
como X0, para simplificar la realidad, que es muy compleja.
Ambas condiciones se verán después
en la conducta de género, espontánea, instintiva, y en la orientación, androsexual
en XY o ginesexual en XX, y darán lugar a una identidad o concepto de sí,
femenino en XY o masculino en XX.
También puede haber causas biográficas, no biológicas, que
se ven incluso en la mayoría de las personas XY, que no parecen ser biológicamente
femeninas, pero son transexuales porque no pueden identificarsae con los
varones, por lo que llegan a una identidad feminizante.
Es también útil, aunque requiere mayor trabajo
de comprensión, la visión de Jacques Lacan, que se integra en la psicología
profunda o psicoanálisis, aunque no es necesario aceptar todo el sistema
psicoanalítico para aceptarla. Yo la transformo a mi manera. Partiendo de que
todas las personas necesitamos sentirnos en una Unidad que nos dé el Ser y el
Poder, se puede decir que la mayoría de las personas XY priorizan el Poder (lo
que les da un interés por la dominancia y liderazgo, los motores, los juegos de
guerra, etc), mientras que la mayoría de las personas XX priorizan el Ser (lo
que les da un interés por su propia imagen y su proyección personal)
Según esta teorización, las
personas XY transexuales femeninas seguirían un modelo femenino, priorizando su
Ser, mientras que las personas XX transexuales masculinas seguirían un modelo
masculino, priorizando su Poder.
= = = =
LA VARIEDAD NO-BINARIA DE LAS
HISTORIAS PERSONALES DE VARIACIÓN DE GÉNERO
Lo que estamos pensando acerca de
menores variantes de género requiere claras distinciones.
La identidad es el
concepto/sentimiento sobre sí que forma libremente cada persona, considerando
su realidad corporal, sus afinidades, sus deseos, sus aspiraciones; es un “soy”
+ un “quiero”; puede haber por tanto un “soy” + un “no quiero”, realidad más juicio
negativo sobre la realidad; se podría hablar de identidad/contraidentidad.
El estudio de Natacha Kennedy, de
2012, sobre 121 personas adultas (aunque sólo 11 FtM), muestra que los hechos
trans suelen empezar desde la niñez. Sus tomas de conciencia se dieron en una persona desde el primer año de vida,
unas siete veces más desde los tres, y
veinte veces más a los cinco, edad que constituye la moda estadística; desde
ahí descienden en una curva cóncava, con algunos altibajos, hasta los quince
años, con frecuencia de una persona,
igual a la de un año; la media de edad se encontró en los casi ocho
años; sólo tres personas empezaron a tomar conciencia desde más de dieciocho
años.
A partir de este principio de
análisis, es fácil distinguir enseguida algunas variantes de la experiencia
trans, tales como las de identidades definidas personalmente como de hombre o
mujer. e identidades indefinidas, como la de trans o la de persona ambigua, las
de orientaciones androsexuales, ginesexuales, personasexuales o asexuales, las
de propósitos operatorios o no operatorios…
= = = =
Expongo, más detalladamente, la
variedad transexual, a través de cuatro esquemas simplificados, que en la
realidad sería preciso completar con historias más o menos intermedias. Me resultan
más conocidad las experiencias transexuales feminizantes, por lo que las
detallaré mucho más que las masculinizantes, en la espera de recibir más
información:
ESQUEMA
=Variantes de género XX
masculinizantes, muy hiperandrogenizados, que siguen un modelo masculino de priorización
del poder, ginesexuales.
Muestran desde su niñez una
conducta de género muy masculina, una
identidad masculina muy temprana (“soy un niño”), prefieren en su niñez los
juegos combativos, de equipo, y la compañía de los niños varones; se sienten espontáneamente atraídos por las
mujeres, con matices protectores, muy masculinos, por ejemplo en la forma del
arquetipo de Tarzán y Jane.
DETALLES
La hormonación con andrógenos
aumenta mucho su libido, acometividad y dominancia, obligándoles muchas veces a
aprender a controlar racionalmente estas tendencias. El recurso a la cirugía es
más frecuente para conseguir la
mastectomía, que es muy a menudo su primera urgencia, y la histerectomía, por
razones prácticas, quedando la metaidoioplastia, o desarrollo del tubérculo
genital, y la faloplastia, por sus todavía medianos resultados, a la espera de
una mejora de las técnicas.
Suelen formar parejas muy
estables, incluso intertrans, en las que ejercen un papel dominante.
Catherine Millot ha creído ver en
ellos una tendencia aparente a pasar inadvertidos y entenderse como “hombres
grises”, encarnaciones del varón medio. Puede ser que esta tendencia provenga
en realidad de la percepción del poder masculino como requiriendo ser indiscutible;
su voluntad de poder les llevaría a evitar discusiones en las que pudieran
encontrarse en una situación desventajosa. Sin embargo, la evidencia de que
algunos trans masculinos no eluden el primer plano, muestra que esta tendencia
es sólo cultural.
= = = =
ESQUEMA
=Variantes de género XX
masculinizantes, algo hiperandrogenizados, que siguen un modelo masculino de priorización
del poder, androsexuales.
Puede haber una admiración
absorbente por los varones, que lleva a querer ser como ellos, a estar con
ellos, en su dimensión de líderes o capitanes, y él a su lado, como un
compañero, audaz, compañero de audacias.
Desean hormonarse, formar barba,
cambiar la voz, para ser reconocidos como varones sociales.
Su vida sexual resulta
complicada, pero no imposible, precisamente con estos compañeros, heteros, pero
ansiosos de sexo, que pueden valorar su aspecto masculino, dominable como
masculino, y sus genitales femeninos.
Pueden entenderse a sí mismos
como gays, pero encontrarán difícil relacionarse con ellos por la frecuente
identidad fálica de éstos, en la que se hallan en desventaja.
DETALLES
Esta experiencia masculina no es
del todo simétrica con su equivalente femenina, porque los trans androsexuales
son una minoría dentro de los trans masculinos, en su mayoría ginesexuales,
mientras que las trans ginesexuales son una mayoría entre las trans femeninas,
de quienes las androsexuales están en minoría.
= = = =
ESQUEMA
=Variantes de género XY feminizantes,
muy hipoandrogenizadas, que siguen un modelo femenino que prioriza el ser femenina,
androsexuales.
“Soy una niña”, desde su primera
niñez. Viven la feminidad desde dentro, sin pasión y con realismo. Pueden estar
(o no), dentro del continuo dominancia/sumisión, en una situación más cercana a
la sumisión. Puede haber (o no) un fuerte deseo de imitación de las funciones
de la madre, incluso la maternidad, compatible con una tendencia a la rivalidad
y la impaciencia.
Su orientación es androsexual, muy intensa,
con naturalidad. Piensan en los varones a menudo como en “el otro sexo”, muy
diferentes, y hasta enigmáticos.
Su visible feminidad hace que
sean acosadas desde el medio escolar. Con frecuencia, desde la niñez, según avanza
su socialización, intentan corregir su naturaleza y su identidad, esforzándose
en ser más viriles, incluso hipermasculinizándose; los impulsos de la pubertad,
muy androsexuales, les ponen en el dilema práctico de cuál es su
prioridad, su identidad o su orientación.
Si el sentimiento de su identidad
es prioritario, pueden llegar a una reasignación de género, mediante la simple
hormonación cruzada o a una reasignación genital, mediante una cirugía decidida
de manera reflexiva, no compulsiva.
Si es la orientación del deseo lo
que se prioriza, incluso por razones prácticas, pueden intentar entenderse como
homosexuales, aunque los elementos identitarios gravitan en su mente, como
deseos de remodelación de su cuerpo o prácticas transvestistas.
DETALLES
Siguen un modelo femenino (ser), que desde su niñez se traduce en una conducta de género muy femenina y muy
natural, a la que puede acompañar o una identidad femenina muy temprana (“soy
una niña”), o una identidad neutra, o incluso una identidad masculina, algo
desvaída, desde los dos-tres años.
Puede darse o bien la aceptación
de los genitales, como no significativos (porque no afectan a su sentido de la
identidad), o bien su negación, si les parecen significativos, porque quieren
tener una vulva, e incluso esperan que con el tiempo se caigan.
Juegan sobre todo con niñas, a
juegos apacibles, no combativos, frecuentemente con muñecas, de manera
femenina, a peinarlas y vestirlas; no juegan mucho con niños; su feminidad es a
menudo confirmada por el acoso escolar de género; su valoración de la ropa
femenina está correlacionada reflexivamente con su identidad (“si soy niña,
tengo que vestir así”); si su identidad es masculina, todas estas afinidades
son expresiones de su naturaleza sin mayor reflexión sobre su significado (“soy
así”)
Tienen una identidad femenina tan
profunda, que si optan por una seudoidentidad masculina como soporte de su
androsexualidad, no dejan de observar cierto distanciamiento respecto a ella,
que puede llegar hasta un placer transvestista paradójico al llevar ropas
masculinas, que ha sido llamado homovestismo.
= = =
ESQUEMA
=Variantes de género XY
feminizantes, algo hipoandrogenizadas, con falta o debilidad de la identificación
de poder con los varones, ginesexuales.
Entonces, se da una fascinación o
identificación extrema con la feminidad, apasionada. “Quiero ser mujer”. Puede
ser muy temprana, con tres o cuatro años: “vi a una niña de mi edad y decidí
que quería ser como ella”. Puede haber una adoración por la madre, admirándola,
imitando sus gestos, sus palabras. La relación con el padre puede ser normal,
pero menos absorbente. Parece una experiencia estética, en la que la
orientación se convierte en identidad. Lo más parecido, fuera de la sexualidad,
es la experiencia de Klimt: “Soy color… soy pintor”.
En las personas XY heterosexuales,
la identidad masculina, el amor de sí como varón, constituye una barrera que
impide que la fascinación por la mujer pueda ser tan absoluta. En estas personas XY transexuales esta
barrera no existe y por tanto se da este amor absoluto, que a la vez depara una
identidad.
DETALLES
La falta de identidad masculina se
puede representar como el equivalente en lo mental a la ausencia de cualquier
órgano anatómico necesario para configurar la masculinidad; sería entonces también una intersexualidad neurocentral.
Sin embargo, por partir de una
suficiente androgenia conductual, estas personas pueden integrarse con los
varones en juegos de acción, de equipo y de combate, sintiendo interés por el
juego pero no la afinidad de género con los compañeros; esto les permite no
sufrir acoso escolar de género, porque cumplen con los estándares aparentes de
masculinidad.
La absorción sin límites en la
mujer significa que todas las cosas relacionadas con ella le parecen
maravillosas y le deparan identidad. La ropa femenina no es una simple
necesidad, sino un resplandor. Lo mismo que los juguetes de niña, vistos como
encantadores, los únicos que se desea contemplar. El interés por la ropa,
seguida con atención, puede llevar a descubrir sus mil matices, toda su
expresividad.
Puede haber una verdadera
adoración por la belleza de la madre, incondicional, más que un deseo intenso
de imitar sus acciones, como se da en la otra forma de transexualidad. Y puede
buscarse la compañía de las niñas por disfrutar de su presencia, más que por
los intereses compartidos.
La intensidad de la
identificación puede producir un deseo de fusión con la imagen de la mujer en
el espejo; el verse como mujer suscita una contemplación tranquilizadora, y una
necesidad de reflejarse en espejos, escaparates, fotografías, incluso en la
sombra, que es común también en la
mujer, pero resulta particularmente frecuente. Puede parecer un narcisismo, una
obsesión de la persona por sí misma, pero es un sentimiento más parecido al “yo
soy tú”, del amor perfecto.
El espejo se convierte en el hogar
natural de la persona feminizante, allí donde se ve como se quiere ver, y las fotografías
son los equivalentes del espejo, más objetivables, que se pueden guardar,
analizar, compartir y recordar; pero como esta pasión no exime de la soledad, puede
llevar a un deseo de la mujer como compañera, que es relativamente fácil de
conseguir y de conservar, superando la soledad.
(Es preciso explicar siempre lo
que se siente, excluyendo el “esto son chiquilladas, me caso y se me acaban, no
tengo ni que contarlo”, y por parte de
la pareja, excluyendo también el “conmigo se le pasará”; dos aspiraciones que
no son realistas, porque es una realidad estructural, estable)
La feminidad como aspiración
puede suscitar un alejamiento paterno, o la exclusión y acoso por parte de los
compañeros varones; esto puede generar en estas personas también una reacción
muy femenina: la necesidad de ser querida y valorada, el deseo de ser bella
para ser aceptada.
Puede darse también (o no) una
repulsa de los propios genitales, como en las historias anteriores, para
materializar mejor la propia imagen como mujer. Tanto en la hormonación como en
la operación no importa el descenso de la líbido, o la relativa escasez de los
orgasmos, porque se trata de una cuestión de identidad, que es siempre
prioritaria.
La hormonación/operación puede colmar
su necesidad identitaria, pese al descenso de su libido (Anne Lawrence); lo
puedo constatar en la historia de una amiga, operada, que sigue ansiando la felicidad
en la compañía de una mujer, aunque su ideal es permanecer junto a ella, sólo
tomada de las manos; pero otras veces, cuando se desea sobre todo llegar a la
plenitud de la fusión mediante un orgasmo, se puede constatar que es menos
fácil que antes, y lamentar profundamente haberse operado.
Ray Blanchard, a quien se debe
una útil distinción entre transexuales androsexuales y ginesexuales, que he
seguido, llamó a esta manera de ser “autoginefilia”, palabra que no es
adecuada, al insistir en “autós”, el sí propio, y considerándola como una
parafilia; por eso me parece más adecuado hablar de ginesexualidad, que es una
condición común a XY heteros y a XX lesbianas, y que además, permite dar por
errónea la interpretación de la
condición transexual como parafilia.
= = = =
Estadísticamente, en mi grupo de
amigas y conocidas más cercanas, en España, formado por 31 mujeres trans (4 de
ellas extranjeras), 15 son androsexuales y 16 ginesexuales, casi mitad y mitad,
a diferencia de los estudios anglosajones, que dan una gran mayoría a las
ginesexuales. De las primeras, 10 son operatorias, dos tercios, y de las segundas, 5, sólo un
tercio. Con estos datos, ya empiezan a vislumbrarse por lo menos frecuencias y
actitudes ante la operación.
= = = =
En una novela, de la que desgraciadamente no guardo en la
memoria el título ni el nombre del autor, italiano, se manifiesta una parte de
este sentimiento de una manera muy
bella. Un adolescente está enamorado de su prima. En un carnaval, buscando un
disfraz, sube al cuarto de ella, busca en su armario, y encuentra uno de sus
vestidos. Se lo pone y se mira en el espejo y en ese instante ve en él la
imagen de su prima, pues se le parece mucho.
= = = =
Se trata por tanto de
personalidades cercanas, pero distintas de las que actualmente se llaman
feminófilas y antes transvestistas, que afirman su identidad masculina hetera y
no piensan desde luego en hormonarse ni operarse, recurriendo sólo a técnicas
cosméticas, de resultados a veces espectaculares pero voluntariamente efímeros,
como figuras de arena en la playa.
La diferencia entre feminofilia y
transexualidad ginesexual está en la presencia, en el primer conjunto de una
suficiente identidad masculina o afinidad con los semejantes, en este caso los
varones, que forma una barrera
identitaria que impide justo el deseo de fusión con la mujer; y en el segundo
conjunto, de un vacío más o menos intenso de identidad
masculina; tal barrera faltaría, la masculinidad no sería valorada, llegándose
incluso a la androfobia.
Son muy diferentes las
perspectivas de feminofilia y transexualidad ginesexual; para la primera, las
derivadas de una masculinidad hetera, que si realizara una operación de
genitales se sentiría mutilada; la segunda pudiendo ver la operación de
genitales como fusión deseada con la Imagen de la Mujer. Si en una persona
concreta fuere difícil distinguir una de otra, sería necesario ser muy prudente
en cuanto al paso quirúrgico, porque no se llegará más que efímeramente al
éxtasis esperado.
= = = =
CERTEZAS Y DUDAS
En cuanto a la certeza de ser, o
querer ser, o no ser, o no querer ser, la mayor duda puede darse cuando se
observa que la orientación discrepa de la identidad, en un esquema binario. Se
supone, dentro de este esquema, que si yo soy mujer tienen que atraerme los
varones y si soy varón tienen que atraerme las mujeres. Pero si salimos de ese
esquema y entramos en el terreno de lo no-binario constatamos que este esquema
no es válido siquiera para los varones y mujeres por asignación, que pueden ser
gays o lesbianas, y mucho menos para trans, cuya estructura afectiva es mucho
más compleja.
Socialmente resulta más fácil
explicarse a sí mismo como gay o lesbiana, pero yo prefiero decir, con mayor precisión,
hombre XX androsexual o mujer XY ginesexual, porque las estructuras de los
sentimientos son diferentes.
= = =
Para menores XY variantes androsexuales
y XX variantes ginesexuales puede no haber apenas dudas en el subperíodo de su
niñez, sobre su identidad. Son tan femeninas o masculinos que para sí mismas o mismos
o para sus familias o compañeros de colegio es evidente lo que sienten.
Sin embargo, la llegada a la
pubertad suele producir dudas acerca de si es prioritaria su orientación, y vivirán como gays (“yo me
siento mujer, pero no necesito vivir como mujer”), o su identidad, viviendo
como trans femeninas. Factores de esta duda pueden ser la conciencia de mayores
dificultades para el amor de los hombres como trans que como gay, o la de las
mayores complicaciones que se encuentran en la vida de trans.
Esta duda sólo se puede resolver
mediante la práctica. Puede dar lugar a muchos aparentes desistimientos, como
explico en el siguiente apartado, o fases de negación de la transexualidad, que
me parece que irán, en su mayoría, seguidos por una negación de la negación, o
retorno a la primera identidad.
Para la inmensa mayoría actual,
que no hemos transitado en nuestra niñez, la duda está en cuándo salimos del
armario. La respuesta empírica que puedo dar es la que dio un querido amigo a
sus propias dudas sobre el armario homosexual: cuando la necesidad de salir te
hace decir un “¡basta ya!”
Esta decisión es la única que
puede poner audacia junto a la necesaria prudencia.
= = =
La hormonación también puede crear
muchas dudas. Pero se pueden resolver si se la ve como un ensayo general, pero
que durante mucho tiempo es reversible. Las dudas pueden darse en cuanto a la
subsistencia de la libido y los orgasmos, que efectivamente disminuyen aunque
no hasta cero. Experimentar con la hormonación supone la experiencia personal
sobre si se acepta esta evolución de la sexualidad o se para o se modula (según
técnicas selectivas sobre el tipo de hormonación que ya se emplean)
La hormonación debe hacerse
siempre bajo supervisión médica. Es inútil y contraproducente la automedicación,
sobre todo en grandes dosis, cuando el exceso de hormonas no es asimilado por
el cuerpo, como el exceso de azúcar queda sin disolver en el té o el café; pero
este exceso puede fatigar excesivamente al hígado. Por otra parte, el
equilibrio endocrinológico de cada persona es sutil: una amiga desarrolló, en
medio de su transición, un exceso de prolactina, una hiperprolactinemia, que
tengo entendido que puede llegar a ser mortal; su médico interrumpió de momento
la hormonación, corrigió la hiperprolactinemia, y siguió adelante.
= = =
Las decisiones sobre la cirugía
de genitales son las que deben meditarse más. Hablo de ella aquí, en la medida
en que hay menores que la desean, aunque creo que, en general, deberían esperar
hasta comprobar su necesidad.
Puede hacerse un experimento mental:
Supongamos que puedo operarme, pero me ponen la condición de que tengo que irme
después a vivir en una isla desierta el resto de mi vida. ¿Lo haría?
La respuesta “sí” indica que la
primera motivación es completamente personal, de que “lo haría sobre todo por
mí”, fuera de cualquier consideración social. Esto permite despejar dudas, pues
se puede comprobar que la voluntad de operación es firme, entendida como una
adecuación a los propios sentimientos, no como una mutilación.
La respuesta “no” en cambio
aconseja no operarse, puesto que las consideraciones sociales pueden ser
fluctuantes y, en cambio, se emprendería un cambio corporal no deseado por sí
mismo, que podría sentirse en el futuro
como una mutilación.
La respuesta “sí” la dan también
las personas que, no pudiendo permitirse el cambio de género por cualquier
circunstancia social (hijos en la adolescencia, responsabilidades económicas,
etcétera), emprenden sin embargo la operación, que será por tanto conocida sólo
por ellas mismas, y entendida como el mínimo suficiente. Yo misma hubiera
emprendido esta operación de no poder cambiar de género, como temía, y hubiera
significado una profunda alegría para mí, muy equilibradora; esa
circunstancia permite comprobar además
que para las personas que sentimos así, el cambio de genitales es mucho más
importante que el cambio de género.
Equivale también a estas
cuestiones otra, que corresponde a las dudas reales de muchas personas trans
(aunque la realidad es más suave) : ¿Estarías dispuesta a operarte si supieras
que perderías todas las posibilidades de orgasmo; o si supieras que ibas a
perder la libido absolutamente?
La respuesta “sí” indicaría que
la voluntad de ablación genital prepondera incluso sobre el deseo. Insiste en
la idea de que, cuando se siente, esta voluntad está por encima de cualquier
otra consideración, incluso sobre la propia vida, con frecuencia arriesgada
mediante la mutilación (yijras de la India)
Cuando se insiste en las dudas
sobre este punto, me parece que se está expresando una voluntad presionada
socialmente y que no la desea por sí misma, personalmente. Que voluntad
personal, sea cual sea, es lo más importante en las transiciones trans. Es la
que puede permitir sentir que se está haciendo lo que se desea y la que puede
dar esa sensación de paz y bienestar que produce la experiencia trans. Es
estrictamente no-binaria, como toda la transexualidad es no-binaria, está fuera
del Código de Género que manda que sólo se puede ser hombre o mujer por
asignación externa, no por decisión interna.
PREDICTIBILIDAD DE LAS FASES DE
NEGACIÓN Y DE LAS DE NEGACIÓN DE LA NEGACIÓN EN MENORES VARIANTES DE GÉNERO
En menores feminizantes
androsexuales son frecuentes los desistimientos en la pubertad, para
experimentar la homosexualidad.
En estas personas, pese a ser muy
femeninas, con una conciencia de feminidad
notable hasta los once o doce años, no perturbada por ninguna inquietud, al llegar a la pubertad, se encuentran con
que su amor más o menos difuso por los varones se convierte en deseo, a la vez
que se les hacen visibles las dificultades que pueden encontrar si, como
muchachas trans, son rechazadas por muchos heteros y muchos homos.
Entonces pueden poner en una
balanza lo uno y lo otro, y poner el deseo por delante de la identidad. El
planteamiento de la fase de negación puede ser incluso “Yo me siento mujer, pero no necesito vivir
como mujer”, que he oído a un muchacho de apariencia masculina, gay. Puede que también intente conseguir una
hipermasculinización. Pero siempre subsistirá como nostalgia el paraíso en que
vivió como mujer, y puede dejar más adelante la fase de negación y volver a su
identidad primaria.
Mientras este momento llega,
muchas personas XY feminizantes androsexuales vivirán muy cerca del intento de
definirse como homosexuales, sintiendo incluso un placer libidinal al vivir
como esos varones que no son ellas mismas y a quienes aman y desean, un
travestimiento aparente u homeovestismo formal como varones.
El convencimiento de que muchos
de los desistimientos son sólo temporales, anejos al proceso de
experimentación, y que son seguidos más adelante por retornos a la identidad
primera, me lleva a sustituir el
concepto de desistimiento por el de fase de negación, que puede ser definitiva
o ir seguida por una fase de negación de la negación.
Tomo este nombre de la filosofía
dialéctica, puesto que la persona trans dialoga de continuo consigo: a una fase
de afirmación del sexogénero sentido (tesis) le puede (o no) suceder una fase
de negación del mismo (antítesis), a la que puede (o no) seguir una fase de
negación de la negación (síntesis), que permite la entrada en una expresión
nueva y personal.
La fase de negación, para menores
adolescentes, también puede entenderse como una necesidad de exploración de la
realidad, no sólo la del sexogénero reasignado sino la del sexogénero asignado
o quizá la de la negación de todo sexogénero.
Una vez producida, puede durar
meses, años y aun decenios. Puede hacerse cierto balance de las preferencias,
poniendo por ejemplo las posibilidades para encontrar compañía de sexogénero,
por delante de cualquier cuestión identitaria. Es obvio que debe ser respetada
la decisión de cualquier adolescente que desee explorar la realidad.
Pero también puede (o no) ser seguida por una fase
de negación de la negación, de retorno a la primera expresión de deseo de
cambio de sexogénero o de búsqueda de una expresión no practicada, la de su
masculinidad o feminidad de asignación.
En este sentido hay que decir que
los estudios de seguimiento se han solido detener en la primera fase de
negación, entendiéndola erróneamente como desistimiento. Hipotetizo que quizá
por eso sea baja, en las muestras de
población estudiadas, algo menos de un
tercio, la persistencia en las actitudes anteriores, y alta, alrededor
de dos tercios, la apariencia de desistimiento. A medida que se sigan
realizando más estudios de seguimiento que lleguen más lejos, y puedan incluir
las negaciones de la negación, entonces supongo que descenderá el número de los
negadores.
En menores variantes XY feminizantes,
ginesexuales, que llegan a una fusión con la Imagen de la mujer, puede ser que
esta fusión sea fluctuante en intensidad.
Estas fluctuaciones entre el deseo de fusión y la atonía, toman la forma
de fases cortas de afirmación y fases de negación, en las que se puede llegar a
la purgación o arrepentimiento e intento de olvidarse de todo. Se llega a un
vaivén continuo entre ambas fases, que hace muy probables los desistimientos y
los retornos tras los desistimientos. Para evitar estos vaivenes sería mejor
seguir un modelo no-binario de vida, que insista en la conciencia de ambigüedad
personal.
Para tratar de los menores XX que
pueden definirse como trans masculinos, tengo que advertir que mi condición de
persona XY trans femenina me ha permitido tener sólo unas percepciones externas
que me dejan llegar a reflexiones más generales, menos detalladas. Espero que
este estudio se vea completado por otro procedente de trans masculinos, los
únicos que pueden hablar de sí mismos y no necesitan preguntar a otros (como me
sucede por ser trans femenina como más
en general, a otros profesionales y teóricos que sean cisexuales)
Los menores variantes XX masculinos
ginesexuales pueden tener experiencias no exentas de orgullo por su integración
natural entre los varones androgénicos, a los que con frecuencia superan en
decisión, temperamento activo, deportes de equipo, etcétera. Al llegar la
pubertad, pueden encontrar con facilidad a mujeres adolescentes heteras que se
sienten atraídas por ellos, y a quienes desean proteger (fantasía de Tarzán y
Jane)
Esta experiencia de expresión de
los propios sentimientos y profunda adecuación a la realidad puede ser tan
grata y satisfactoria que no parece probable una fase de negación.
Los menores XX trans masculinos androsexuales
o personasexuales, pueden encontrar en su expresión de sexogénero las muchas
alegrías correspondientes a la perfecta evolución de sus caracteres masculinos
secundarios, como en el caso anterior y a su perfecta inserción social.
miércoles, 9 de octubre de 2013
Teoría de la Sexuación
TEORÍA DE LA SEXUACIÓN
Kim Pérez
Estoy deslumbrada por la visión pitagórica de la Realidad (“Todo es Número”), que lleva luego a ver cómo las Matemáticas (la Lógica, las Relaciones), inmutables, son el Modelo de la Materia, mutable (“la materia es lo que cambia” – Mario Bunge)
Estoy deslumbrada por la visión pitagórica de la Realidad (“Todo es Número”), que lleva luego a ver cómo las Matemáticas (la Lógica, las Relaciones), inmutables, son el Modelo de la Materia, mutable (“la materia es lo que cambia” – Mario Bunge)
Lo vemos en cómo la Materia se agrupa por la gravedad en un
centro, agregándose en una forma que se parece a una esfera (los astros), pero
que nunca llega a esa forma perfecta, matemática, quedándose en un esferoide.
Esto se parece a la distinción de Platón entre Idea inmutable o perfecta y Materia mutable o imperfecta, pero tendente a lo perfecto (idealismo) Y también a la de Aristóteles entre Forma y Materia, pero entendiendo por Forma algo que se parece al Proyecto de un Mecánico o un Ingeniero o Maestro de Obras o un Arquitecto o un Piloto que traza un rumbo, y por Materia lo físico, lo que pesa, el material siempre variable que se trans-forma y se ajusta más o menos al Proyecto, realidad mental, no material, ni siquiera un Plano.
Esto se parece a la distinción de Platón entre Idea inmutable o perfecta y Materia mutable o imperfecta, pero tendente a lo perfecto (idealismo) Y también a la de Aristóteles entre Forma y Materia, pero entendiendo por Forma algo que se parece al Proyecto de un Mecánico o un Ingeniero o Maestro de Obras o un Arquitecto o un Piloto que traza un rumbo, y por Materia lo físico, lo que pesa, el material siempre variable que se trans-forma y se ajusta más o menos al Proyecto, realidad mental, no material, ni siquiera un Plano.
La Teoría, el Proyecto, escinde en el Número Dos la sexuación,
y la materia viva sexuada intenta acercarse a ese Proyecto, no siendo dual,
sino continua (el continuum de la sexuación), no siendo binaria, sino
nobinaria, lo mismo que la superficie de los astros no es una pura esfera, sino
esferoidal, y la belleza de los montes y las llanuras se ve siempre
transformada por las elevaciones y las erosiones; o las erupciones de gas
ardiente acaban por trazar una hermosa curva y volver a la superficie de las
estrellas, tendiendo de nuevo a la forma esférica.
Materia y Forma las encontramos en la distinción entre a) la Masculinidad y la Feminidad teóricas, proyectadas para realizar un intercambio de genes entre los seres vivos, una obra de ingeniería biológica, y b) la Materia viva, que se acomoda en parte a ellas, que la aprovecha además para estimular para la sociabilidad, la convivencia, el placer mutuo entre humanos, bonobos, lobos, tórtolas, etc (pero no en otras especies)
Materia y Forma las encontramos en la distinción entre a) la Masculinidad y la Feminidad teóricas, proyectadas para realizar un intercambio de genes entre los seres vivos, una obra de ingeniería biológica, y b) la Materia viva, que se acomoda en parte a ellas, que la aprovecha además para estimular para la sociabilidad, la convivencia, el placer mutuo entre humanos, bonobos, lobos, tórtolas, etc (pero no en otras especies)
Esta Materia viva en un principio no estaba sexuada, por lo
que la realidad material es siempre un continuo, en el que no hay seres
masculinos puros ni seres femeninos puros, sino seres que se masculinizan
gradualmente o que se estabilizan en la feminidad primordial y general.
La Teoría es el Proyecto, abstracto, siempre igual, perfecto
pero no vital, un Teorema, la Práctica es lo vital, lo singular, lo individual,
lo concreto, lo real. Lo más o menos masculino, lo más o menos femenino, lo más
o menos intermedio, lo más penetrante, lo más penetrable, lo más activo, lo más
pasivo, lo más fecundador, lo más fecundable.
La Teoría es el Plan General, invisible pero pensable, la Práctica es la Materia, visible pero no pensable, sino perceptible, emocionante, como una Música concreta que suena asociada con ella.
Esta dualidad sexuada del estado vivo de la Materia parece una versión más compleja de la dualidad polar del estado físico, electromagnético, de la Materia, con su sistema de atracciones y repulsiones que se invierten en las distancias muy cortas, todo ello presidido por la Unidad de los opuestos.
La Teoría es el Plan General, invisible pero pensable, la Práctica es la Materia, visible pero no pensable, sino perceptible, emocionante, como una Música concreta que suena asociada con ella.
Esta dualidad sexuada del estado vivo de la Materia parece una versión más compleja de la dualidad polar del estado físico, electromagnético, de la Materia, con su sistema de atracciones y repulsiones que se invierten en las distancias muy cortas, todo ello presidido por la Unidad de los opuestos.
viernes, 21 de junio de 2013
Transexualidad arquetípica
Cambio el
paradigma de análisis de la transexualidad, empezando por los hechos
psicológicos, que son los que nos mueven directamente, y dejando en segundo
lugar los condicionamientos biológicos.
En cuanto a los
hechos psicológicos, me parece que los que tienen más valor explicativo son los
arquetipos presentes en nuestras mentes. Tomo la palabra de Jung: se trata de
formas fundamentales de la mente humana, simbólicas y universales; forman un plano del lenguaje que es común a todos
los humanos.
Aparecen en
nuestros sueños, aunque es preciso traducirlos desde su forma simbólica hasta
la explícita; la forma simbólica, incluso, puede permanecernos inexplicada, e
incluso parecernos un disparate sin sentido; pero la visión del arquetipo suele
permanecer en nuestra memoria, un sueño inolvidable, durante toda la vida, como
pidiéndonos que hallemos su sentido (su traducción)
También
aparecen, en la infancia, en los juguetes que deseamos, en los que pedimos a
los Reyes Magos (por eso, llamo a su recuerdo “test de los Reyes Magos”), o en
el uso que damos a los que podemos encontrar (una caja de zapatos que se
transforma en camión, o un bolígrafo en metralleta; recuerdo, de mi niñez, que
en el mísero campo andaluz, una niña acunaba a una piedra, envuelta en un
pellejo de jineta, como si fuera una muñeca)
Como Jung descubrió,
los arquetipos también se hallan en los mitos y las costumbres de pueblos
enteros y hasta de culturas comunes a muchos pueblos. Por ejemplo, gran parte
de los indios de Norteamérica, que aceptaban la elección de género, esperaban
que los menores eligiesen entre un arco o un cesto, símbolos arquetípicos de la
masculinidad y la feminidad.
Algunos de los
arquetipos más importantes para los seres humanos tienen un valor general,
indiferenciado, puesto que afecta a nuestras experiencias más básicas: el sueño
de volar representa el deseo de una liberación, mientras que el de ser
perseguido por un animal, que en España suele ser un toro negro, del que se
puede huir con mucha dificultad, como a cámara lenta, o pegándose los pies al
suelo, representa el agobio por fuerzas que nos superan.
Como corresponde a esos símbolos, el sueño de volar me suele pasar en un medio
soleado y alegre, un cielo azul y nubecillas blancas, primaveral; la huida del
toro negro, o de un enemigo sin rostro, en cambio, suele suceder en un ambiente
oscuro y con luces siniestras.
(La capacidad
humana de simbolización se renueva en las formas: desde que se inventaron los
ferrocarriles, se puede soñar en perder un tren (y lo usamos en nuestro
lenguaje), como perder una oportunidad)
Muchos
arquetipos tienen un valor sexual, puesto que la sexualidad es una de las
experiencias fundamentales de la vida humana. Pondré primero los de ascender y
descender, referidos a escaleras o montañas, que pueden ser símbolos del
esfuerzo vital o de la rendición, pero también, en el terreno de lo sexuado,
del esfuerzo masculino y la entrega femenina
El arquetipo
del Falo no es sólo sexual. Emplea el símbolo del falo o genital erecto como
símbolo de sentimientos tan abstractos como el de lo Uno, el Ser, el Poder… En forma de “lingam” o monolito, ha sido usado en
el budismo, pero también son falicos los campanarios, los alminares, los
rascacielos, los aviones, las locomotoras, los barcos y en especial los
submarinos, los autos y camiones, las espadas, las lanzas…
Toda persona,
hombre o mujer, puede sentir la fascinación del Falo, porque es un símbolo
anterior a la sexuación. Lacan cree que las personas transgenitales
feminizantes necesitamos suprimir nuestros genitales, que son como
irregularidades en la línea pura del Falo; seríamos adoradores de él, entiendo
yo.
El arquetipo
correspondiente femenino es el Mar, inmenso y tranquilo. Indiferenciado. El
Agua, en general, fluyente, adaptable. Luminoso si refleja el Sol (como la
Luna, otro par de arquetipos de lo masculino o lo femenino) Representada
también por los largos cabellos, que caen, sin fuerza propia, entregados a
quien quiera acariciarlos.
O la cueva,
acogedora, siempre igual de temperatura, fresca en verano y templada en
invierno. Que da lugar a las casas, en las que nos encontramos protegidos entre
cuatro paredes, viviendo en el mundo de los muebles, o de las cocinas. Casas
que nos expresan, en las que nos reconocemos como formas creadas por nosotras,
cuidadas por nosotras, limpiadas, también como el Nido primordial, la acogida,
el cuidado, la protección.
Visualizadas a
veces en forma de pequeñas cajitas que nos encantan, espacios cerrados entre
cuatro paredes, un suelo y un techo. O en la de inmensas cavernas, temibles
para muchos varones, devoradoras, o quizá comparables a grandes templos para
nosotras, espacios penumbrosos y frescos en cuyo interior brilla una luz.
Puede ser que
cada persona sienta en su mente determinados arquetipos con mucha intensidad y
otros falten o estén difuminados (no lo sé seguro, pero trataré de averiguarlo;
esto es el estudio y la investigación empírica que se requieren)
También puede
ser que esta presencia/ausencia esté sexuada y que en las personas transexuales
esta sexuación esté cruzada, pero puede ser asimismo que esta sexuación sea
casi imperceptible a la conciencia, por lo que no produce una identidad (que es
un hecho de conciencia)
Pero esta
presencia/ausencia de algunos arquetipos puede ser fundamental en la estructura
de la personalidad, y emerger de pronto, dando la impresión de una transición
tardía.
Estos
arquetipos sexuados que he descrito me parece que se dividen en dos clases.
Clase A. Unos
arquetipos sólo constatan que la naturaleza humana está sexuada, y la describen
usando un lenguaje simbólico. Son estáticos, descriptivos, pero pueden faltar o
no, sexuadamente, o su carga afectiva puede ser sexuadamente distinta.
En una persona
XY, por ejemplo, pueden faltar o ser borrosos los arquetipos relacionados con
la persecución o conquista de la mujer, o con el combate intermasculino. Por
tanto, este hecho está más o menos sexuado mentalmente.
Otras veces, el
arquetipo está presente, como descripción de la realidad, pero cada cual, según
su sexuación, lo verá de manera distinta, identificándose con el arquetipo o viéndolo
como algo que está fuera, y que atrae o desagrada (me parece que los arquetipos
del Falo o el Mar pueden despertar estos sentimientos)
Clase B. Otros
arquetipos expresan nuestros deseos sexuados, los proyectan simbólicamente por
ejemplo en los juguetes que hemos deseado o en las grandes elecciones que
hacemos en la vida; podríamos llamarlos “arquetipos del arco y la cesta”,
porque en nuestra niñez han estado tan claros, que hemos elegido para jugar los
objetos de una de esas familias y no los de las otras. Hemos decidido, con la
soberanía con que los niños saben lo que les gusta y lo que no. En nuestra edad
adulta, si hemos podido también elegir nuestro modo de vida, veremos que
coincide con lo que elegimos en la niñez como símbolo de nuestros deseos.
Memorizar en la
edad adulta el test de los Reyes Magos que vivimos en nuestra niñez y repetirlo
ahora, nos da un colorido mapa de nuestros sentimientos que nos permite
entender mejor dónde estamos en relación con
otras fórmulas de género, con cuáles nos identificamos, con cuáles, no.
Más en
general, descubrir la estructura de
nuestros arquetipos nos permite descubrir un plano de nuestro ser que solemos
olvidar y que sin embargo es muy activo.
Para las
personas transexuales, que en un momento u otro nos hemos preguntado con
intensidad por quiénes somos, nos ofrece una perspectiva profunda de nuestro ser,
no convencional, no superficial.
El único método
que hemos tenido hasta ahora para responder a la pregunta sobre nuestra
feminidad XY o nuestra masculinidad XX ha consistido en constatar hechos
objetivos, fácilmente observables, tales como nuestras tempranas afirmaciones o
denegaciones de identidad (“yo soy” o “yo no soy”), o nuestras conductas cruzadas,
en más o menos. Este método trata, mediante la introspección o el diálogo, de
descubrir hechos subjetivos, de sentimiento, muy personales e intensos.
Visto este
principio de análisis arquetípico, bajaré ahora a la sala de máquinas de la
biología, que lo condiciona desde luego; vemos tres instrumentos para entender
cómo la transexualidad viene de
variaciones posibles y naturales:
Primero. La
sexuación va de un estado embrionario básico femenino a uno masculino, según
los flujos de andrógenos diferenciados
durante la gestación, cuya cantidad en menos o más depende en general de los
dos atractores XX y XY y en particular,en cadsa persona, puede ser también
variable en “más o menos”. Esta estructura se formula matemátice como Conjuntos
Difusos (Lotfi A. Zadeh) de Sexogénero, definidos no por un “sí, no”, sino por
un “más, menos”
Segundo. La
sexualidad está compuesta de distintos planos (genético, cromosómico,
endocrino, gonadal, cerebral, de los conductos
internos, de los conductos internos, de los conductos externos, de la
orientación, sociocultural, psicobiográfico), que suelen ser convergentes, pero
entre los que puede haber divergencias o intersexualidades (Gilbert-Dreyfus),
muchas de ellas debidas a la androgenación diferencial de cada plano en más o
menos.
Tercero. La
androgenación del cerebro puede configurar de manera diferenciada sus tres
planos evolutivos (llamados reptiliano, paleomamiférico y neomamiférico/humano,
o bien arcaico, medio y moderno - MacLean), determinando conductas
diferentes y aun contradictorias en cada
uno de esos planos, que pueden ser difíciles de entender si no se considera
esta posibilidad.
sábado, 15 de junio de 2013
Teorización y aplicación de la teoría en la transexualidad
Uso el
siguiente cuadro teórico:
Primero. La
sexuación va de un estado básico femenino a uno masculino, según los flujos
de andrógenos diferenciados durante la
gestación, cuya cantidad en menos o más depende en general de los dos
atractores XX y XY y en particular puede ser también variable en “más o menos”.
Esta estructura se formula matemátice como Conjuntos Difusos (Lotfi A. Zadeh)
de Sexogénero, definidos no por un “sí, no”, sino por un “más, menos”
Segundo. La
sexualidad está compuesta de distintos planos (genético, cromosómico, endocrino,
gonadal, cerebral, de los conductos
internos, de los conductos internos, de los conductos externos,
sociocultural, psicobiográfico), que suelen ser convergentes, pero entre los
que puede haber divergencias o intersexualidades (Gilbert-Dreyfus), muchas de
ellas debidas a la androgenación diferencial en más o menos.
Tercero. La androgenación
del cerebro puede configurar de manera diferenciada sus tres planos (reptiliano,
paleomamiférico y neomamiférico/humano, o arcaico, medio y moderno - MacLean)
= = =
En mi caso,
parto de las hipótesis de que o bien el Progynon que mi madre tomó para superar
su matriz infantil y que dejó en cuanto supo que me estaba gestando, pudo tener
un efecto depot que fuera atenuándose de
junio de 1940 a marzo de 1941, o bien el estrés de guerra que sufrió
durante esos meses, me desmasculinizaron
gradualmente, más al principio, menos al final; el cerebro arcaico, permaneció
femenino, con efectos conductuales muy elementales, automatismos, y los cerebros
medio y moderno se masculinizaron más, pero no mucho, y sintiendo los efectos
de la feminidad arcaica.
Si ha habido
poca masculinización del cerebro arcaico, es lógica la inadecuación
cerebro/genitalia, tanto anatómica como funcional; sentimientos de extrañeza y
rechazo anatómico y funcional; deseo de sumisión sexual.
Si ha habido suficiente masculinización de los
cerebros medio y superior, la adoración hacia la madre/tensiones con el padre
será un indicador de masculinidad hetera. Pero si, por no ser intensa, falta la
homoafectividad masculina, se genera un vacío de identidad que se puede colmar
mediante el deseo de fusión con una Imagen de Mujer en el Espejo, proyectada
ginéfilamente.
martes, 12 de marzo de 2013
Esquema de la Teoría de Conjuntos Difusos de Sexogénero
Por
Kim Pérez
Actualización: 21.II.2014
Licenciada en Historia con Grado,
Univesidad de Granada
Profesor Encargado de Curso,
Universidad de Granada (1969-1971), Profesor de Formación Humanística y Ética,
en el Centro Ameinon, y también, como Profesora, de Filosofía, en el Centro
Ramón y Cajal, de Granada (1976-2006)
Premio Pluma 2010, de la FELGTBI
Fundada en el concepto de “más o menos” aplicado a la feminidad
(“¿Mujer o trans?”, ponencia de Kim Pérez en las Jornadas Feministas Estatales,
Córdoba (España), 2000; inspirada en conceptos sexológicos (continuo
homosexual/heterosexual de Kinsey), feministas (diferencia entre sexo y género,
procedente de Robert Stoller, 1960) y de
la Teoría Queer (no cerramiento de las identidades de género); luego formulada conforme a la Teoría de
Conjuntos Difusos de Lotfi A. Zadeh, de 1963 y la noción de Atractor Extraño de
Eduard Lorenz, 1965.
Dio lugar al grupo de Conjuntos Difusos de Granada, cofundado por Kim
Pérez y Amets Suess, Granada, junio de 2009, con el apoyo de la Asamblea de
Mujeres de Granada, incorporándose Pablo Vergara Pérez. Presentada públicamente
en las Jornadas Feministas Estatales, Granada, diciembre de 2009. Inspira el
Proyecto de Ley Integral de Transexualidad de Andalucía, presentado por
Izquierda Unida al Parlamento de Andalucía, 19 de diciembre de 2012,
consensuado por la Asociación Conjuntos Difusos y la Asociación de Transexuales
de Andalucía y elaborado principalmente por Ángela Gutiérrez Hermoso y Pablo
Vergara Pérez. Es por primera vez uno de los contenidos docentes del curso de
la Escuela de Postgrado, en la Facultad de Educación de Granada, impartido por
Stefano Barozzi y Kim Pérez desde el 12 de marzo de 2013.
Es la primera formulación teórica procedente del medio transexual, que parte de la posición central de la
transexualidad, no marginal, para el estudio de la sexuación humana. Robert
Stoller, cisexual, formuló también su visión de la diferencia de sexo y género
a partir de la existencia de las personas transexuales.
= = =
Temas fundamentales: Matemáticas y materia; continuo difuso
mujer-hombre; atractores y variaciones; identidad como forma de conciencia
variable, afinidad; código de género cultural: discontinuo en dos conjuntos
cerrados como forma de dominación.
= = =
(Prólogo)
La sexuación humana, remotamente
descendiente de una reproducción asexual, se hace a partir de una feminidad
básica y común a todos, mediante la androgenación diferenciada en la edad
prenatal.
La feminidad básica es en
potencia bivalente: dos mamas en cada cual y un tubérculo clitorideo/peniano,
que se desarrollarán como alternativas; cromosomas XX cuya mutación, prehumana,
dio lugar al XY.
La androgenación consiste en
flujos, o chorros, variables, difusos, un más o menos; las menores, determinan
la permanencia en formas y conductas definidamente femeninas; las intermedias,
formas o conductas intersexuales; las mayores, formas y conductas definidamente
masculinas.
Por tanto, la feminidad es
básica, lo fundamental en todas las criaturas humanas; la masculinización es
emergente en más o menos.
La androgenación no sólo es
diferente individualmente, sino en los planos de la sexualidad de cada
individuo (fenotípica, cerebral…) Yendo más lejos, la cerebral aparece
probablemente diferenciada en alguna forma en la que cuente la temporalidad de
sus formaciones.
En general, la androgenación por
planos es bastante coherente en cada individuo, haciéndole permanecer
mayoritariamente o bien en la feminidad básica o masculinizándolo. Esta
coherencia puede no darse en algunas personas,
que se aprecian más claramente, en anatomía o conducta, como intersexuales.
En los seres conscientes, las
determinaciones biológicas se juntan con las innovaciones adquiridas, todo ello
en forma difusa, abierta, no cerrada.
La biología se relaciona con la
conducta sexual innata, o sexualidad, pero sólo predispone, no determina, unida
con la biografía, a la conducta sexual aprendida, o género. La feminidad o
masculinidad de género, dependen por
tanto de dos factores articulados, biología + biografía.
= = =
La matemática es la infraestructura de la
materia (Pitágoras, Platón, Galileo, Newton, Einstein, Planck, Heisenberg) Algo
inteligible, intemporal, “lo que no cambia”, organiza lo sensible, temporal,
“lo que cambia”. Números bióticos permiten la consciencia o, al variar, la deshacen; o forman la sexuación, que
depende de las cantidades de andrógenos.
Para hablar de ciencia es preciso
hablar de matemáticas.
= = =
Los conjuntos difusos de Lotfi A.
Zadeh se definen porque sus elementos tienen un grado de pertenencia de +/- (mientras
que los conjuntos cerrados se definen por sí/no {1, 0})
La matemática Teoría de Conjuntos
Difusos sirve para hacer cálculos sobre flujos y otras realidades variantes en
+/- (afluencia al metro, tallaje de prendas, etc) o para entender mejor ciertas
realidades en la teoría y la práctica social.
La realidad del sexogénero se
puede entender como un sistema de conjuntos difusos, ya que empíricamente
sabemos que las personas somos +/- viriles, +/- femeniles. Todos encontramos un
lugar dentro de un sistema de transiciones (+/-)
Hay también dos atractores
estadísticos abstractos, F y M (femenino y masculino), a los que se acercan +/-
todos los elementos. Este concepto se forma a partir del de “atractor extraño”,
de Eduard Lorenz, que describe una serie de curvas espirales más o menos
cercanas a un espacio vacío, que conforme se alejan comienzan a gravitar en
otro igualmente vacío que forma un par con el primero. Los atractores F y M son
espacios vacíos puesto que no existen hombres puros ni mujeres puras y las
personas reales orbitan más o menos cerca (o más o menos lejos) de ambos, en un
sistema único.
Puede entreverse una estructura del sexogénero humano formada
por una infraestructura biológica inconsciente y una superestructura biográfica
(psicoafectiva, tecnoeconómica –sigo a V. Gordon Childe-, consciente)
La infraestructura biológica,
natural, se puede hipotetizar así:
Sobre una morfología inicial
asexuada (dos tetillas + tubérculo genital) la diferencia XX o XY (el cromosoma
Y surgió de una mutación del X) puede determinar una androgenación menor o
mayor (-/+) del humano en gestación. Si hay androgenación -/+ cercana a 0,
evoluciona en forma -/+ cercana al atractor F; si es -/+ cercana al máximo
conocido, evoluciona en forma -/+ cercana al atractor M (Existen también
algunas personas XX que se desarrollan como hombres y personas XY como mujeres)
Los flujos +/- grandes de
andrógenos llegan en distintos momentos: formación de los genitales (-/+
desarrollo del tubérculo genital), configuración del cerebro diferenciada en
formas relacionadas con la temporalidad de los flujos: -/+ masculinización de
cada una de ellas.
Tomemos como referencia de
conducta sexual preconsciente, a los mandriles que, al trasladarse, trazan dos círculos en torno a los hijos: uno
externo, por los machos, de defensa indirecta, agresiva frente a ataques
externos, y otro interno, por las hembras, de defensa protectora y directa de
los hijos.
Los flujos mayores y los menores
en los humanos dan lugar a conductas de círculo externo en las personas
definibles como varones y a conductas de círculo interno en personas definibles
como mujeres.
Este esquema abstracto está
fundado en las diferencias androgénicas. Como éstas forman un continuo, se
puede pronosticar que en los dos círculos habrá líderes y seguidores
jerarquizados, más o menos androgenizados o androgenizadas. Pero la observación
real mostrará que hay también personas XX que se incorporan al círculo
exterior, personas XY que se incorporan al círculo interior, otras personas XX
o XY que se sitúan permanentemente entre ambos, y que las personas XXY, XXX,
X0, etcétera, se sitúan bien en los círculos definidos, bien entre ambos.
La biología hipoandrogénica en
personas XY o afines, y la hiperandrogénica en personas XX o afines, la
biología en abstracto, son eficaces para condicionar conductas imprevisibles
entre ambos círculos de manera algo indefinida; pero hace falta pensar en la
biografía personal y la cultura ambiente para entender las identidades
definidas resultantes.
La complejidad de las diferencias
interindividuales en la androgenación cerebral se hace mayor en el plano individual.
Los planos arcaico, medio y
moderno (o reptiliano, paleomamiférico y neomamiférico) del cerebro pueden
haberse androgenizado diferentemente durante la gestación, dando lugar a
conductas sexuadas contradictorias que se sitúan en tres continuos.
Una nueva subhipótesis podría
explicar por ejemplo que una situación de hipoandrogenia intensa en determinado
momento fuera pasando con el tiempo a niveles mayores de androgenación, generando un plano arcaico muy femenino
(perceptible en las conductas de poder, o dominancia/sumisión) que fuera
evolucionando a niveles intersexuales en el plano medio (orientación borrosa,
poco definida en cualquier sentido) y masculinos en el plano moderno (amor
personal definido)
Estos tres planos aparecerían a
su vez como cuantificables por un +/- dentro de un continuo. De hecho, cada
persona los vería entrar en contraste en sí misma, aunque en la mayoría fueran
más convergentes que divergentes y sólo en una minoría fueran claramente
divergentes.
Las personas que se encontraren
en esta situación de divergencia, dentro de una cultura como la nuestra que
sólo entiende la convergencia y no tiene apenas conceptos (palabras) para
explicar e integrar la divergencia, sentirían su naturaleza sexuada como
fragmentada, mientras que podrían entenderla mejor como irisada.
= = =
Los fenómenos biológicos,
infraestructurales, y los epifenómenos psicoafectivos, socioeconómicos,
biográficos, que son superestructurales, se hacen conscientes en las
identidades, que son hechos de conocimiento de sí con valor afectivo,
afirmativo o negativo.
Las identidades de sexogénero
surgen como sentido interno del ser, irrefutable, como se comprobó en una
dramática refutación de la hipótesis de John
Money de que todo el género fuera aprendido, imitado, inspirado desde
fuera, externo. Pero también existen identidades confusas o intermedias o
cruzadas, lo que muestra que se manifiestan como hechos del lenguaje simbólico
y por tanto de consciencia, sujetos a los límites del vocabulario disponible y
al error.
Como tales hechos de conocimiento
consciente, las identidades evolucionan, se transforman; no son irreversibles a
partir de los tres años, como suponía Kohlberg, aunque tienen un elemento de
memoria de los afectos, sino que pueden desarrollarse y variar como todo
conocimiento; como son conscientes, son históricas.
Las identidades, hechos de
conocimiento, dependen en gran parte de intuiciones, más que de razonamientos,
y las intuiciones son de por sí incomunicables; por eso es ilusorio e imposible
que una persona ajena intente definir la “verdadera” identidad de otra
persona. La identidad, como intimidad,
es inaccesible e incomunicable en su intensidad, connotaciones, etc
Las identidades personales se
agrupan espontáneamente por afinidades. Recordando los atractores de Lorenz, la
mayor parte de las personas se sitúan cerca de los atractores vacíos. Pero
minorías importantes se sitúan más y más lejos de cada uno de ellos, pudiendo
formar otros subconjuntos de afinidad.
En un continuo, todas las
identidades que se den en él representan conceptos funcionales, prácticos, de
una lógica informal o borrosa; esto se puede decir de las identidades de
hombre, mujer, intersex, transexual, travesti, etc, todas las cuales se pueden
entender como difusas dentro del mismo “más o menos”.
= = =
La identidad es a la naturaleza
como el concepto a la realidad. “La
adecuación de la inteligencia a la realidad”, definición de la verdad por
Aristóteles, se puede dar más o menos plenamente. Hay un margen por tanto entre
una y otra.
Hay personas XY muy
femeninas o XX muy masculinas, que
forman en edades muy tempranas una identidad cruzada de género (que corresponde
a una naturaleza cerebral cruzada respecto a la del resto del organismo)
En otras personas, la identidad
de género es vacilante, quizá en
relación con una naturaleza cruzada menos definida.
En otras personas más, la
feminidad o masculinidad cerebral no se traduce en una identidad cruzada, de
manera que asumen como identidad la naturaleza del resto del organismo.
Es decir, la naturaleza no se
traduce necesariamente en identidad, como los conceptos, en general, no se
forman directamente de la realidad; pueden darse o no.
En las personas de naturaleza
cruzada, en culturas que la niegan, se suele dar un sentimiento de miedo cuando
comprenden la presión social que pueden encontrar. Entonces suele darse una
“fase larga de negación” que puede durar años, decenios o toda la vida. En
ella, se niegan los sentimientos o experiencias cruzadas, bajo reflexiones como
“esto son chiquilladas, que se me pasarán con el tiempo” que conducen a
integrarse mejor en los estatutos socialmente admitidos de varón o mujer.
Esta fase larga es distinta sólo
cuantitativamente de las fases cortas de negación, que han sido llamadas
“purgaciones”, que suelen acompañar a los procesos transexuales y durar unas
semanas o unos meses. En ellas se suele tirar todos los elementos de género que
acompañan las afirmaciones de identidad cruzada (ropas, maquillajes, prótesis,
etc), con grandes sentimientos de culpa familiar o religiosa, consecuencia de
un código social de género muy interiorizado.
Suele seguir una conducta
convencional, afectivamente gris, que parece masculina o femenina o incluso
hipermasculina o hiperfemenina. Teniendo en cuenta que la orientación sexual es
un hecho que también forma parte de un continuo (Kinsey), distinto de la
identidad de género, en algunas personas conduce a enlaces heteros, y a la
procreación, en otras a una soltería
práctica y en otras a enlaces homos.
La conducta homosexual puede
surgir de motivaciones muy diversas y tener formas muy diferentes, desde una
profunda camaradería hasta relaciones de dominancia/sumisión. Se encuentra en
ella muy a menudo, no siempre, una naturaleza cruzada originaria, seguida de
una fase larga de negación, para la que las relaciones externamente
homosexuales pueden ser internamente, cerebralmente, heterosexuales.
Se puede expresar en frases como
“yo me siento mujer, pero no necesito vestir de mujer” o recuerdos de una
infancia muy femenina o masculina, en la que ya se sintieron enfrentamientos
familiares o sociales, empezando a menudo por figuras tan significativas como
la del padre o los hermanos y siguiendo por la escuela. El sufrimiento pudo ser
tan intenso que en la edad de la adolescencia pudo surgir una fase larga de
negación que ya duró toda la vida.
Aparece entonces con claridad que
en muchas personas homosexuales, no en todas, se han dado experiencias afines a
las de las personas transexuales, en cuanto a naturaleza, identidad y fases de
negación. La diferencia entre unas y otras parece ser sólo cuantitativa, en
cuanto a la intensidad de la naturaleza cruzada, de los conceptos de identidad
y de las mismas experiencias sociales que han llegado a la fase larga de
negación. Al ser cuestión de más o menos, se integran en un conjunto difuso o
continuo.
= = =
Por naturaleza, la transexualidad
es una de las numerosas formas de intersexualidad, puesto que corresponde a una
diferencia entre el sexo cerebral y el del resto del organismo. Gilbert-Dreyfus
recogía los numerosos planos en los que la intersexualidad es posible: el
genético, cromosómico, de los conductos internos, de los conductos externos, el
hormonal… Hay que añadir, a partir de lo que vamos sabiendo (Guillamón) esta
intersexualidad en el plano cerebral o neurocentral.
Por identidad, la transexualidad
puede entenderse por identidades femeninas o masculinas (“soy una mujer como
otra cualquiera”, “soy un hombre como otro cualquiera”) o ambiguas (“no soy
hombre ni mujer”)
Esta concepción resuelve la
cuestión de la patología. La intersexualidad no es una patología sino una
variante natural, dentro de la extrema variabilidad de la naturaleza, que
interesa adaptativamente, es decir evolutivamente. Puesto que la transexualidad
es una forma de intersexualidad, no es una patología, sino también una variante
natural. No ha lugar a patologizarla ni, por consiguiente, a intentar curarla.
La variabilidad natural no sucede teleológicamente, es decir, con un
fin predeterminado, aparte de la misma variabilidad, que es buena y útil de por
sí. Quiero decir que las variaciones surgen dentro de una plantilla de
posibilidades y algunas pueden ser perjudiciales y otras beneficiosas, algunas
no adaptativas y otras adaptativas.
En este punto debe mirarse cara a
cara la realidad. Objetivamente, las intersexualidades dificultan la formación
de pareja y la procreación. Puesto que pueden deberse a diferencias en la
androgenación, ¿puede preverse que en un futuro inmediato, el análisis prenatal
de la situación hormonal de la criatura en gestación dé lugar a un tratamiento
médico con andrógenos o antiandrógenos?
Sí, es posible. En ese futuro
eugenésico podría pensarse que se prevendrían y se corregirían, vía médica, la
intersexualidad, la homosexualidad y la transexualidad. Pero este criterio
humano limitaría la variabilidad natural, sería homogeneizador, no respetaría
las posibilidades de desarrollo de cada individuo. La formación de parejas y la
procreación son necesarias para la supervivencia de la especie, pero no para la
de todos sus individuos, para cuyo desarrollo sólo es imprescindible la ayuda
familiar y social, la alimentación y el cobijo. Las circunstancias reales son
mucho más complejas y variables que las previsiones aparentemente racionales,
si son unificadoras (no adaptativas) Entre las razones por las que los
naturales de Juchitán, en México, se alegran de tener una hija muxe
(transexual) figura el tener una ayuda para los padres en su vejez. Para otras
personas, tener una pareja transexual significa la ventaja, en ciertas
circunstancias, de no tener hijos. Todo ello es singular, puede darse o no,
pero es individualmente adaptativo.
= = = =
El Código Penal de Género vigente
en la civilización del Occidente es distinto de los vigentes en otras: la
islámica, en especial, comparable en extensión y en fuerza de rivalidad, y
otras formas más pequeñas, supervivientes, como la de Samoa o la de Juchitán,
en México. Estas diferencias nos hacen percibir que el Código de Género no
traduce directamente realidades biológicas (que son comunes a toda la especie
humana), sino sus manifestaciones socioeconómicas, históricas, variables.
Se entiende por Código de Género el de
carácter consuetudinario o escrito, que
constituye la columna vertebral variable de cada sociedad, puesto que, después
de la división biológica por edades, la división sexogenérica del trabajo, que
procede no de la primitiva sociedad recolectora, sino de la siguiente cazadora,
constituye la primera de las superestructuras históricas.
El carácter penal básico del Código de Género se
observa en que está constituído por una serie de transgresiones y sanciones muy
graves, que pueden ir de la irrisión o burla social (como mínimo) a la
expulsión de la familia o del trabajo, y en algunas épocas y culturas, a la
cárcel o a la muerte.
Su carácter penal evidencia que
es una forma de dominancia, de mandamiento/castigo: en la sociedad de cazadores
organizados, la primera división social del trabajo fue sexual, entre
cazadores/guerreros y recolectoras/cocineras: sociedad patriarcal, senatorial,
en la que los varones dominantes, hiperandrogénicos, subordinaron a las
mujeres, excluyeron a otros varones, hipoandrogénicos, y creó las costumbres y
leyes superestructurales.
La prueba de que la división
fundamental se hacía por las condiciones personales asociadas a la
hiperandrogenia e hipoandrogenia, más que por la mera existencia de genitales
masculinos o femeninos, está en que las sociedades cazadoras indoamericanas se
aceptaba a petición propia a personas XX hiperandrogénicas como varones
cazadores y guerreros y a personas XY hipoandrogénicas como mujeres.
Nuestro Código Penal de Género
divide en consecuencia a las personas en conjuntos cerrados de sexo, definibles
por sí/no: ¿Varón? Sí/no; ¿mujer? Sí/no; también en su conducta de género:
¿Masculino? Sí/no; ¿femenina? Sí/no.
Se supone que son alternativas perfectas:
quien no es hombre será mujer; quien no es femenina, será masculino.
Sólo se admite socialmente esta
alternativa perfecta. El Registro Civil, el Documento de Identidad, admiten
sólo dos casillas: Hombre o Mujer.
Las personas intersex deben ajustar
sus naturalezas y sus identidades a estas casillas, aunque no les correspondan.
En general, los que viven diferencias intensas respecto a este sistema de sí/no
son ignorados o tratados o marginados o negados o criminalizados; incluso
aprisionados o ejecutados.
El Código Penal de Género habla
por tanto de “mujeres” y “hombres” como
abstracciones que corresponderían a los espacios realmente vacíos del
interior de los dos atractores. El carácter general, universalizador, de las
normas del Código de Género, que son válidas para “todos”, muestra que está
dirigido a estas abstracciones y no a personas concretas, en su inmensa
variedad.
El análisis del Código de Género muestra un núcleo fijo y una
serie de consecuencias. La lógica del núcleo fijo se funda en las capacidades
diferenciadas de “mujeres” y “hombres”, en abstracto, respecto a la
procreación.
Se supone que las “mujeres”
(palabra usada en general, abstracción) conciben y, dado que nuestra especie es
mamífera, quedan preñadas, amamantan o cuidan; forman el círculo interior de
defensa de los hijos (físico en los mandriles) Pero sería más concreto hablar
de la función de madres y no de mujeres en abstracto.
Se observa como hecho real, al
margen de abstracciones, que el círculo interior llega a ejercer un cuidado
colectivo, pero directo, ejercido por mujeres o varones, que se suma al
cuidado personal de los propios hijos.
Ese cuidado colectivo directo puede verse en la enseñanza; en la cocina
colectiva; en la pediatría; en la
geriatría…
Los “hombres”(palabra usada en
general, abstracción) engendran y quedan libres; forman el círculo exterior de
defensa de los hijos (físico en los mandriles) Sería más concreto hablar de la
función de padres, y no de hombres.
Se observa como hecho real, al
margen de las abstracciones, que el círculo exterior incluye los trabajos duros
y a distancia que pueden ser inviables para las madres, así como las
actividades de defensa armada. De las sociedades primitivas, muy dependientes
para su supervivencia de la fuerza física y personal, se pasa en las sociedades
evolucionadas a que la supervivencia dependa del acceso a la cultura,
compartible por todos, que se sitúan por tanto en el círculo exterior, cuyas
relaciones con los niños son más lejanas.
Las personas reales nos integramos
en órbitas espirales más o menos cercanas a esos espacios vacíos de Feminidad y
Masculinidad abstractas, los dos Atractores Extraños. Los Códigos de Género
represivos niegan o prohiben estas variaciones reales; los Códigos de Género
permisivos pueden afirmar su legitimidad.
En la medida en que los Códigos
de Género represivos niegan la realidad y obligan a reprimir a toda la sociedad
para conformarse a ellos y a penalizar a una parte considerable de los
componentes de esa sociedad, deben ser sustituídos por un sistema de Libertad
de Género en el que cada persona se sitúe socialmente donde se sienta más
adecuada.
Por tanto, los actuales Códigos
de Género vigentes en cada sociedad, deberán ser sustituidos por una Carta de
Derechos de Género, preparada por estudios de Libertad de Género.
= = =
Utilidad objetiva de la realidad
difusa del sexogénero: las variaciones mejoran la capacidad de adaptación
social a un medio variable, y tienen por tanto valor evolutivo. En las
condiciones históricas primitivas: utilidad prioritaria de los varones muy
hiperandrogénicos o físicamente muy activos y las mujeres muy hipoandrogénicas
o maternales o físicamente pasivas; en las condiciones contemporáneas: el
primer lugar adaptativo corresponde a las personas –varones, mujeres, intersex-
que sean mesoandrogénicas, reflexivas, analíticas, capaces de muchas horas de
estudio sedentario y por tanto con mayor acceso a la cultura matemática,
científica, humanística, de la que depende nuestra técnica, que requiere largos
estudios; de manera complementaria para las necesidades sociales, las personas
físicamente muy activas encuentran su lugar en actividades al aire libre,
manuales, el ejército o los deportes; las personas muy cuidadoras, en
actividades como las del hogar, relaciones interpersonales, comercio cara al
público, enseñanza, pediatría, geriatría, etcétera.
Utilidad subjetiva de la Teoría
de Conjuntos Difusos de Sexogénero: Mejor comprensión de la realidad
sexogenérica humana; racionalización de las actitudes abiertas; aceptación de
formas muy variadas de ser y de convivir; profundización en la autonomía
personal, o autodeterminación de género (yo soy yo), no en la inclusión forzada
en el modelo de conjuntos cerrados de sexogénero (M o F, sí/no)
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