viernes, 21 de junio de 2013

Transexualidad arquetípica

Cambio el paradigma de análisis de la transexualidad, empezando por los hechos psicológicos, que son los que nos mueven directamente, y dejando en segundo lugar los condicionamientos biológicos.

En cuanto a los hechos psicológicos, me parece que los que tienen más valor explicativo son los arquetipos presentes en nuestras mentes. Tomo la palabra de Jung: se trata de formas fundamentales de la mente humana, simbólicas y universales; forman  un plano del lenguaje que es común a todos los humanos.

Aparecen en nuestros sueños, aunque es preciso traducirlos desde su forma simbólica hasta la explícita; la forma simbólica, incluso, puede permanecernos inexplicada, e incluso parecernos un disparate sin sentido; pero la visión del arquetipo suele permanecer en nuestra memoria, un sueño inolvidable, durante toda la vida, como pidiéndonos que hallemos su sentido (su traducción)

También aparecen, en la infancia, en los juguetes que deseamos, en los que pedimos a los Reyes Magos (por eso, llamo a su recuerdo “test de los Reyes Magos”), o en el uso que damos a los que podemos encontrar (una caja de zapatos que se transforma en camión, o un bolígrafo en metralleta; recuerdo, de mi niñez, que en el mísero campo andaluz, una niña acunaba a una piedra, envuelta en un pellejo de jineta, como si fuera una muñeca)

Como Jung descubrió, los arquetipos también se hallan en los mitos y las costumbres de pueblos enteros y hasta de culturas comunes a muchos pueblos. Por ejemplo, gran parte de los indios de Norteamérica, que aceptaban la elección de género, esperaban que los menores eligiesen entre un arco o un cesto, símbolos arquetípicos de la masculinidad y la feminidad.

Algunos de los arquetipos más importantes para los seres humanos tienen un valor general, indiferenciado, puesto que afecta a nuestras experiencias más básicas: el sueño de volar representa el deseo de una liberación, mientras que el de ser perseguido por un animal, que en España suele ser un toro negro, del que se puede huir con mucha dificultad, como a cámara lenta, o pegándose los pies al suelo, representa el agobio por fuerzas que nos superan.

Como corresponde a esos símbolos, el sueño de volar me suele pasar en un medio soleado y alegre, un cielo azul y nubecillas blancas, primaveral; la huida del toro negro, o de un enemigo sin rostro, en cambio, suele suceder en un ambiente oscuro y con luces siniestras.


(La capacidad humana de simbolización se renueva en las formas: desde que se inventaron los ferrocarriles, se puede soñar en perder un tren (y lo usamos en nuestro lenguaje), como perder una oportunidad)   

Muchos arquetipos tienen un valor sexual, puesto que la sexualidad es una de las experiencias fundamentales de la vida humana. Pondré primero los de ascender y descender, referidos a escaleras o montañas, que pueden ser símbolos del esfuerzo vital o de la rendición, pero también, en el terreno de lo sexuado, del esfuerzo masculino y la entrega femenina

El arquetipo del Falo no es sólo sexual. Emplea el símbolo del falo o genital erecto como símbolo de sentimientos tan abstractos como el de lo Uno, el Ser, el Poder… En forma de “lingam” o monolito, ha sido usado en el budismo, pero también son falicos los campanarios, los alminares, los rascacielos, los aviones, las locomotoras, los barcos y en especial los submarinos, los autos y camiones, las espadas, las lanzas…

Toda persona, hombre o mujer, puede sentir la fascinación del Falo, porque es un símbolo anterior a la sexuación. Lacan cree que las personas transgenitales feminizantes necesitamos suprimir nuestros genitales, que son como irregularidades en la línea pura del Falo; seríamos adoradores de él, entiendo yo.

El arquetipo correspondiente femenino es el Mar, inmenso y tranquilo. Indiferenciado. El Agua, en general, fluyente, adaptable. Luminoso si refleja el Sol (como la Luna, otro par de arquetipos de lo masculino o lo femenino) Representada también por los largos cabellos, que caen, sin fuerza propia, entregados a quien quiera acariciarlos.

O la cueva, acogedora, siempre igual de temperatura, fresca en verano y templada en invierno. Que da lugar a las casas, en las que nos encontramos protegidos entre cuatro paredes, viviendo en el mundo de los muebles, o de las cocinas. Casas que nos expresan, en las que nos reconocemos como formas creadas por nosotras, cuidadas por nosotras, limpiadas, también como el Nido primordial, la acogida, el cuidado, la protección.

Visualizadas a veces en forma de pequeñas cajitas que nos encantan, espacios cerrados entre cuatro paredes, un suelo y un techo. O en la de inmensas cavernas, temibles para muchos varones, devoradoras, o quizá comparables a grandes templos para nosotras, espacios penumbrosos y frescos en cuyo interior brilla una luz.

Puede ser que cada persona sienta en su mente determinados arquetipos con mucha intensidad y otros falten o estén difuminados (no lo sé seguro, pero trataré de averiguarlo; esto es el estudio y la investigación empírica que se requieren)

También puede ser que esta presencia/ausencia esté sexuada y que en las personas transexuales esta sexuación esté cruzada, pero puede ser asimismo que esta sexuación sea casi imperceptible a la conciencia, por lo que no produce una identidad (que es un hecho de conciencia)

Pero esta presencia/ausencia de algunos arquetipos puede ser fundamental en la estructura de la personalidad, y emerger de pronto, dando la impresión de una transición tardía.

Estos arquetipos sexuados que he descrito me parece que se dividen en dos clases.

Clase A. Unos arquetipos sólo constatan que la naturaleza humana está sexuada, y la describen usando un lenguaje simbólico. Son estáticos, descriptivos, pero pueden faltar o no, sexuadamente, o su carga afectiva puede ser sexuadamente distinta.

En una persona XY, por ejemplo, pueden faltar o ser borrosos los arquetipos relacionados con la persecución o conquista de la mujer, o con el combate intermasculino. Por tanto, este hecho está más o menos sexuado mentalmente.

Otras veces, el arquetipo está presente, como descripción de la realidad, pero cada cual, según su sexuación, lo verá de manera distinta, identificándose con el arquetipo o viéndolo como algo que está fuera, y que atrae o desagrada (me parece que los arquetipos del Falo o el Mar pueden despertar estos sentimientos)

Clase B. Otros arquetipos expresan nuestros deseos sexuados, los proyectan simbólicamente por ejemplo en los juguetes que hemos deseado o en las grandes elecciones que hacemos en la vida; podríamos llamarlos “arquetipos del arco y la cesta”, porque en nuestra niñez han estado tan claros, que hemos elegido para jugar los objetos de una de esas familias y no los de las otras. Hemos decidido, con la soberanía con que los niños saben lo que les gusta y lo que no. En nuestra edad adulta, si hemos podido también elegir nuestro modo de vida, veremos que coincide con lo que elegimos en la niñez como símbolo de nuestros deseos.

Memorizar en la edad adulta el test de los Reyes Magos que vivimos en nuestra niñez y repetirlo ahora, nos da un colorido mapa de nuestros sentimientos que nos permite entender mejor dónde estamos en relación con  otras fórmulas de género, con cuáles nos identificamos, con cuáles, no.

Más en general,  descubrir la estructura de nuestros arquetipos nos permite descubrir un plano de nuestro ser que solemos olvidar y que sin embargo es muy activo.

Para las personas transexuales, que en un momento u otro nos hemos preguntado con intensidad por quiénes somos, nos ofrece una perspectiva profunda de nuestro ser, no convencional, no superficial.

El único método que hemos tenido hasta ahora para responder a la pregunta sobre nuestra feminidad XY o nuestra masculinidad XX ha consistido en constatar hechos objetivos, fácilmente observables, tales como nuestras tempranas afirmaciones o denegaciones de identidad (“yo soy” o “yo no soy”), o nuestras conductas cruzadas, en más o menos. Este método trata, mediante la introspección o el diálogo, de descubrir hechos subjetivos, de sentimiento, muy personales e intensos.



Visto este principio de análisis arquetípico, bajaré ahora a la sala de máquinas de la biología, que lo condiciona desde luego; vemos tres instrumentos para entender cómo la transexualidad viene  de variaciones  posibles y naturales:

Primero. La sexuación va de un estado embrionario básico femenino a uno masculino, según los flujos de  andrógenos diferenciados durante la gestación, cuya cantidad en menos o más depende en general de los dos atractores XX y XY y en particular,en cadsa persona, puede ser también variable en “más o menos”. Esta estructura se formula matemátice como Conjuntos Difusos (Lotfi A. Zadeh) de Sexogénero, definidos no por un “sí, no”, sino por un “más, menos”

Segundo. La sexualidad está compuesta de distintos planos (genético, cromosómico, endocrino, gonadal, cerebral, de los conductos  internos, de los conductos internos, de los conductos externos, de la orientación, sociocultural, psicobiográfico), que suelen ser convergentes, pero entre los que puede haber divergencias o intersexualidades (Gilbert-Dreyfus), muchas de ellas debidas a la androgenación diferencial de cada plano en más o menos.

Tercero. La androgenación del cerebro puede configurar de manera diferenciada sus tres planos evolutivos (llamados reptiliano, paleomamiférico y neomamiférico/humano, o bien arcaico, medio y moderno - MacLean), determinando conductas diferentes  y aun contradictorias en cada uno de esos planos, que pueden ser difíciles de entender si no se considera esta posibilidad.


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